Un templo budista inusual: “piensa en verde”

Un templo budista inusual piensa en verde_Templo-Budista-Wat-Pa-Maha-Chein-KaewAl norte en Tailandia en los límites con Camboya se erige un templo fuera de lo común, en la ciudad de Khun Han, a 400 millas aproximadamente al norte de Bangkok. Desde 1984 este templo budista llamado Wat Pa Maha Chedi Kaew se dedica al reciclaje de botellas de cerveza y a la reducción de la contaminación, junto con la ayuda de las autoridades locales y los habitantes de la zona.

El proyecto de construcción se inició en las celdas de los monjes, pero al poco tiempo y por la respuesta de la comunidad y la cantidad de botellas recicladas se extendió a la pagoda, la sala de ceremonia, el crematorio y los baños; contando hasta la fecha con más de 20 edificios, pasarelas, pasillos, columnas y escaleras.

Ya llevan recicladas más de un millón de botellas que decoran y sostienen paredes pisos y techos en dos tonalidades: marrón y verde. Las botellas de color marrón pertenecen a la popular cerveza tailandesa Chang (Bia Chaaang en tailandés) y las verdes a la mundialmente conocida cerveza holandesa Heineken (Heineken Pilsener en holandés).

Un templo budista inusual piensa en verde_Templo-Budista-Wat-Pa-Maha-Chein-Kaew.Algo interesante para destacar es que veinte años antes de que se tomara esta iniciativa en Tailandia, el dueño de la cervecera holandesa, Alfred Heineken, tuvo una idea similar tras un viaje.

Llamó al arquitecto holandés John Habraken para que diseñara una botella que se pudiera usar como ladrillo, el resultado fue la botella llamada “Wobo”, pero que por su fracaso comercial sólo tuvo una pequeña tirada.

Por supuesto que no son las mismas botellas que se encuentran en el templo TailandésUn templo budista inusual piensa en verde_Templo-Budista-Wat-Pa-Maha-Chein-Kaew-00 pero vale destacar que los monjes retomaron la antorcha encendida por el señor Heineken y sin responder a ninguna necesidad comercial sino puramente a mejorar la calidad de vida de los habitantes de Khun Han, plasmaron esa idea.

Pero por supuesto que los monjes no sólo decidieron utilizar los envases vacíos sino también las tapas de esas botellas que fueron colocadas en los muros a modo de mosaicos decorativos.

El resultado: un bellísimo juego de efectos entre transparencia, opacidad y brillo. Colocando así a este templo entre una de las maravillas de la bio-construcción.

Por Santinus
Fuente: labioguia

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