Lo único seguro es que no hay nada seguro

Lo único seguro es que no hay nada seguro_03En asuntos personales y sentimentales, todo aquello que aparenta ser seguro se puede desmoronar en cualquier momento.

La experiencia de muchos años de vida -y mientras más sean, mejor-, nos va haciendo ver que todo aquello que parecía ser seguro, tiene, visto más adelante, otra interpretación distinta, más dudas de las que aparentaba, menos estabilidad y menos convicción.

Van apareciendo las grietas de la duda y la prevención, y las preguntas directas y osadas son respondidas por silencios que sustituyen a las respuestas, rápidas y tajantes, que pronunciábamos anteriormente.

Y no es para preocuparse.

La vida es así.

Cualquier día comprobaremos que dos y dos no son cuatro, sino 3,99999999999. Y nos dirán por qué no son cuatro con una seguridad que tal vez dentro de dos siglos cambie, y entonces serán 4,00000000001

La inseguridad es nuestra constante compañera.

Las cosas que nos han ido pasando en la vida nos han demostrado que es arriesgado tener una seguridad por la que comprometerse y obstinarse tozudamente en su defensa. Que mucho de lo que disfrazamos de seguridad no es más que una mentira, o una excusa, que nos hemos contado en algún momento porque nos interesaba creerlo así.

Lo único seguro es que no hay nada seguro_01Que aquello por lo que hubiéramos puesto la mano al fuego, más adelante nos demostró que nos hubiéramos quemado.

Que, a veces, estamos seguros de que un sentimiento se va a mantener hasta el fin de nuestros días, y un poco más adelante esa seguridad se empieza a tambalear levemente, o se empieza a diluir, y acaba desapareciendo víctima de las demostraciones evidentes e irrefutables de la realidad.

Hemos de acostumbrarnos a no sorprendernos por el descalabro de nuestras seguridades, y tenemos que entender que eso forma parte de la vida.

Para seguir adelante es necesario creer en algo –porque eso es lo que nos va a permitir dar otro paso y seguir-, y luchar por ello con seguridad en ese algo, y defenderlo, pero no a muerte, sino con una ventana abierta a la posibilidad de que más adelante pueda demostrar que no era tan seguro como representaba.

Tony de Mello estuvo muy atinado cuando dijo:

“Si aceptáis lo que yo digo, lo hacéis enteramente a vuestro riesgo, porque yo me reservo el derecho de cambiar de opinión sin previo aviso.”

Cuando se cree tener seguridad en algo es conveniente tener fe en ello, proclamarlo y defenderlo, con pasión, con convencimiento, pero es mejor no caer en un fanatismo obtuso, en una obcecación cerrada, en una ceguera a otras posibilidades, en una intransigencia obsesiva de que no puede ser de otro modo, porque puede llegar a serlo; es más atinado hacerlo dejando en alguna parte una cierta reserva.

En realidad, no hay que preocuparse por las inseguridades, si bien es cierto que interesa tratar de eliminarlas en la mayor cantidad posible, y que es mejor ir fortaleciéndose en el hecho de que la vida es una continua toma de decisiones, y que la inseguridad no sólo no aporta ayuda, sino que es un tremendo obstáculo.

No hay que olvidar que detrás de las inseguridades se esconde el miedo a equivocarse y la angustia ante los posteriores reproches que uno mismo se va a infligir.

Las situaciones y la vida nos presentan casi siempre diferentes propuestas para una misma realidad, y hay que reconocer que es así, y que no tenemos una mente entrenada que sea capaz de discernir sin ningún tipo de duda; no siempre disponemos de un convencimiento justificadamente rotundo, de una prueba infalible, y entonces es mejor tomar una decisión, o creer en algo, con una moderada seguridad, pero provisional, por si en algún momento se ha de sustituir.

“No estoy seguro, pero en este momento me parece que…”

Esta puede ser una buena fórmula de inicio para responder a cualquier duda o circunstancia que se presente.

Decir “yo supongo…”, “yo creo…”, “a mí me parece…”, no es lo mismo que “no sé”.

Lo único seguro es que no hay nada seguro_22En el primer caso hay una suposición de que se sabe, pero no se arriesga uno a defenderlo firmemente; en el segundo caso se reconoce expresamente el desconocimiento.

Somos Humanos, nos movemos por sentimientos –que demostrarán su volubilidad y sus altibajos a lo largo de los años-; nuestra mente ha aprendido dudando y ha crecido entre dudas; la experiencia nos demuestra que lo que hoy aparenta ser firme mañana puede parecernos tan falso como una moneda de madera; no estamos legitimados para tener una seguridad garantizada hasta el infinito –por las jugarretas que nos hace la indecisión de la mente-, y, cuando creamos estar seguros de algo, casi es mejor que revisemos la posibilidad de que en realidad sea cabezonería, fanatismo, ofuscación, terquedad, obstinación intransigente, ceguera, o cualquiera de los sinónimos gramaticales de similares errores posibles.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

Publicado en: eraestelar2012

 

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