Ikebana: La belleza como camino de plenitud

Ikebana La belleza como camino de plenitud-Viaje Hacia Si Mismo-00Ikebana es un arte floral milenario que tiene sus orígenes en las ofrendas del shinto, antigua religión del Japón que rinde culto a los kami o espíritus de la naturaleza. Fue en ese país donde el budismo Zen incluyó este arte en sus prácticas meditativas-contemplativas.

Ikebana es esencialmente una composición contemplativa. En Occidente estamos acostumbrados a los arreglos más masivos, que tienden a llenar espacios; en cambio, el ikebana crea espacios”, aclara Rosa Aguilera, profesora de Ikebana titulada en la Universidad Imperial de Japón, y que, tras varios años vividos en ese país para después permanecer 14 años en Hungría, vive hoy en una tranquila parcela en la ciudad de Los Andes.

El sendero de las flores

La palabra ikebana proviene de los vocablos ikiru (vivir) y hana (flores y ramas), por lo tanto significa “flores vivientes”. Sin embargo, el nombre original de este arte es ka-do, que quiere decir “El camino o sendero de las flores”.
“El ikebana es un <do>, es decir, un camino o sendero de autorrealización. En Japón, toda palabra terminada en <do> significa camino espiritual de vida” aclara Rosa.

Sus raíces descansan en el profundo sentido que los japoneses tienen del paisaje, su respeto al poder de la naturaleza manifestado en las montañas, piedras, cascadas, árboles y su respuesta a la fuerza, fragilidad y belleza de los árboles y flores.

Con el budismo llegó la costumbre de ofrendar flores en vasijas sagradas frente a la imagen de Buda; por tanto, los primeros artistas fueron monjes.

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El Ikebana es esencialmente una composición contemplativa…

Años más tarde, con el deseo de transformar la vida en arte, el Maestro Mokichi Okada, nacido en 1882 en Tokyo, prestó atención a la belleza de las flores que, para él, cristalizaban la belleza de toda la naturaleza, y propuso la popularización de las flores en la vida cotidiana. A partir de él surgieron escuelas de ikebana que tienen sus propias características y simbologías.

Creatividad e intuición

“Todos tenemos una receptividad natural a lo bello. Nadie necesita de un entrenamiento especial para apreciar el equilibrio de la naturaleza o disfrutar de los colores y perfumes de las flores. Mientras mayor sea nuestra atención a las flores, a las plantas y a la naturaleza, mayor será nuestra conexión con Dios”, comenta Rosa.

Ikebana La belleza como camino de plenitud-Viaje Hacia Si Mismo-88Pues, según el ikebana, la apreciación de la belleza es lo mejor que existe para la elevación de los sentimientos humanos, ya que la flor, independientemente del lugar en que esté, siempre nos reanima y nos hace sentir un toque de pureza.

Además, investigaciones realizadas en la Universidad de Tokio comprobaron que las flores actúan directamente en el cerebro humano desarrollando el hemisferio derecho, que es el responsable de la intuición, la sensibilidad, la creatividad, la capacidad de atención plena y la inteligencia emocional.

“El camino de las flores” es entonces un excelente recurso para la canalización de la creatividad, la intuición y la ampliación de las percepciones.

Un espacio sagrado

En el ambiente donde se realiza el arte de las flores debe mantenerse una rigurosa vigilancia del orden, la limpieza, el silencio y la quietud, pues en su origen, el recinto donde se hacían los arreglos florales era sagrado, concepto que se mantiene hasta hoy. Por más simple que sea el espacio, éste queda consagrado a través del arreglo floral, si se hace con «verdadero espíritu».

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Las tres ramas que sirven de base a todo arreglo representan las ideas de cielo, ser humano y tierra.

“Debe evitarse cada ruido innecesario, cada movimiento brusco, y las plantas y herramientas deben manipularse en un silencio casi absoluto”, aclara Rosa, destacando con entusiasmo: “Como el principal requisito es la unión con el corazón de la flor, es natural que no se converse durante el trabajo, y que toda agitación esté fuera de contexto. El principiante se ve así obligado a prestar atención al corazón de la flor. En primer lugar, para tocarla de forma correcta, y en segundo lugar, para visitar con naturalidad su propio corazón”.

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La concentración es una condición indispensable para disponer las flores con calma interior. Además, el discípulo debe aprender a ser humilde y a aceptar.

Muchas personas que practican ikebana sienten que el aspecto espiritual toma protagonismo, ya que ayuda a vivir el momento y se aprecia parte de la naturaleza que antes no se veía, además de desarrollar la tolerancia y la paciencia.

“La forma de expresión del ikebana no es buscar con los ojos la belleza de una flor, sino contactar su esencia. Las flores nos podrán enseñar a encontrarnos a nosotros mismos dentro del mundo, formando parte de la naturaleza y de su equilibrio”, finaliza Rosa mientras muestra las flores de su jardín.

Artículo completo en: revistasomos.cl
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