Viernes Santo: Jornada de reflexión, de transición, de exaltación del estado del Amor permanente

Viernes Santo Jornada de reflexión, de transición, de exaltación del estado del Amor permanenteHoy es viernes y como todos los viernes busco un tema de reflexión, de actualidad, de interés que pueda llegaros a través de estas páginas a darle contenido a una Web que pretende mantener un diálogo, tejer una Red de personas, de almas enfocadas a comprender un poco más las vicisitudes de un mundo denso, complejo, pero definitivamente maravilloso.

Hoy es Viernes Santo para la tradición cristiana. En la Misa se celebra la liturgia de la Pasión del Señor, situando la muerte de Jesús en las 15 horas, momento que en el cómputo astrológico representa la hora del Sol, cuando la consciencia de Jesús traspasa a otro estado del ser, la del sentido crístico de la vida. En nuestras charlas cabalísticas ya hemos abordado la visión de la Pascua como un estado interior, y se ritualiza desde hace más de 2000 años el sufrimiento de un Vía Crucis adscrito a la condición humana.

¿Pero qué podemos y debemos cambiar de todo ello?

La tradición eclesiástica se sume en un dolor por la pérdida del Mesías. Las luces del templo se quedan a media luz, el Altar sin manteles ni adornos representa ese despojamiento y humildad que solo se mantiene ese día. El comienzo de la liturgia sumidos en el silencio. Todo ello con el fin de recrear la solemnidad de un momento que postra al oficiante contra el suelo  representando la tragedia. Todo ritual tiene su punto mágico, pero entenderlo desde dentro con su profundo significado podría arrojar luz acerca de su simbolismo, de lo contrario, se seguirán representando sin saber qué tiene que morir en nuestra condición humana.

Para mi hoy es una jornada de meditación, de interiorización, un momento para preguntarse, ¿qué nos permite comprender una práctica que se repite desde hace tantos eones? ¿Y qué representa?. El escenario lo asociamos a Malkuth en el Árbol de la Vida, y Malkuth es el Reino de la Muerte donde la condición humana se transmuta a cada encarnación.

Seamos creyentes o no, practicantes o no, hay en el carácter de estos símbolos mayoritariamente asumidos por una sociedad, un sentido último que repercute en el inconsciente colectivo. Pretender ser ajenos a todo ello es una postura. Estamos en el mismo barco y lo que se mueve a estribor acaba afectando a babor. La muerte de Cristo anunciada cada año es una muerte de la personalidad instintiva enfocada a un estado de zozobra interior. Y se trata tal vez de cambiar este ritual y desapegarse de las lacras, de los instintos más primarios para ascender en la luz de una resurrección que nos permite un nuevo amanecer.

¿Qué podemos hacer durante el día de hoy y en los próximos hasta el momento en que el domingo, día del Sol, nuestra consciencia salga reforzada de este embate?

Pues adentrarnos en los oscuros laberintos de nuestra psique, de nuestro espíritu, allá donde parece que no llega la Luz y meditar, preguntarnos qué podemos cambiar, qué ha de morir, qué tendencias han de pasar a la Luz y mantenernos en permanente estado amoroso de conexión con nuestra divinidad, el antídoto que hace maravillas, que nos permite resurgir de nuestras cenizas y hacer que este trance litúrgico y exotérico se convierta en un ritual de comprensión interior.

Mantengámonos en ese amor a la pasión de la vida.

Milena Llop

Fuente: redmilenaria.com
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